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La crisis europea de soberanía

BERLÍN – Finalmente, la canciller alemana Angela Merkel aceptó una nueva forma de Unión Europea. La UE necesita, hoy más que nunca, combinar mayor estabilidad con transferencias financieras y solidaridad recíproca, para impedir que el proyecto europeo naufrague bajo el peso de la actual crisis de las deudas soberanas.

Durante mucho tiempo, Merkel combatió con uñas y dientes esta nueva UE, porque sabe lo impopular que la idea es en Alemania (y por consiguiente, el peligro político que representa para sus perspectivas electorales). Merkel quería defender el euro, pero sin pagar el precio. Pero gracias a los mercados financieros, ese sueño terminó.

Los mercados plantearon un ultimátum: o Europa adoptaba una mayor integración económica y financiera basada en el federalismo o se exponía al derrumbe del euro y con él, el de la UE, incluido el Mercado Común. A último momento, Merkel eligió la opción más razonable.

Si los jefes de estado y de gobierno del Consejo Europeo hubieran tomado esta decisión (que era previsible) un año atrás, la crisis del euro no habría alcanzado la magnitud actual, el costo total hubiera sido menor y los líderes europeos hubieran cosechado, con justicia, los laureles de una hazaña histórica. Pero, como he dicho antes, en aquel momento Merkel no se atrevió a actuar.