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El futuro sureño de Europa

PARIS – La crisis económica ahora ha alcanzado a ambas orillas del Mediterráneo, y el riesgo de una depresión duradera ha llegado a ser muy real. Las políticas de austeridad en Europa amenazan con ser contraproducentes, causando daño permanente a las perspectivas de crecimiento y por lo tanto, avivando el desempleo y los déficits presupuestarios. Y, los países del sur del Mediterráneo no pueden tener esperanzas de conseguir suplir en América y Asia las oportunidades e inversiones que están perdiendo en Europa, con certeza no en el corto plazo.

En estas circunstancias – y especialmente en vista de la agitación política en los países del sur del Mediterráneo – relanzar el proceso euro-mediterráneo, y colocarlo sobre una nueva base beneficiaría a ambas partes.

El proceso de Barcelona, que Jacques Delors inició en 1995 en su calidad de presidente de la Comisión Europea, tuvo sus méritos, pero no cumplió con las expectativas que creó. En 2005, en el 10º aniversario de su lanzamiento, me uní a dirigentes políticos de ambos lados del Mediterráneo para pedir una reformulación de la asociación a través de la creación de una comunidad euro-mediterránea. 

Tal comunidad se ha convertido en una necesidad urgente. Europa tiene tecnología y proporciona un marco seguro para la inversión, pero es el sur del Mediterráneo el que progresivamente puede apuntar hacia un fuerte crecimiento económico. Europa tiene una población que envejece y perderá 20 millones de personas hasta el 2030, mientras que el sur del Mediterráneo tiene una población joven y dinámica que desesperadamente necesita oportunidades de trabajo.