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La solidaridad de Europa con Ucrania

Muchas generaciones de polacos soñaron con el día en que la división de posguerra de Europa terminara. A muchas generaciones de ucranianos también se les privó del derecho a su propio país, idioma y cultura. Lo que unió a los prisioneros políticos de los sesenta, setenta y ochenta fue la fe en que algún día sus países encontrarían un lugar dentro de una Europa unida.

Para los polacos, el sueño se cumplió el 1 de mayo con el ingreso a la UE. Para los ucranianos, la situación es más incierta, aunque están a punto de tomarse decisiones trascendentales sobre su futuro. En mayo, la Unión Europea, especificará los principios que habrán de guiar las relaciones con sus nuevos vecinos. En junio, se discutirá en la OTAN la posibilidad de que Ucrania se una a la alianza. Y en otoño, las elecciones presidenciales determinarán el desarrollo del país en las décadas por venir.

En este momento crucial hacemos un llamado a Europa para que se abra hacia Ucrania, un gran país europeo cuyas necesidades y aspiraciones no pueden olvidarse en el proceso de construcción de una nueva Europa. El continente debe ir más allá de definir su relación con Ucrania como una de vecindad: debe establecer con claridad que Ucrania tiene una oportunidad realista de ingresar a la OTAN y a la UE.

Tal declaración es esencial para apoyar a las fuerzas democráticas de Ucrania en un momento en el que tienen una verdadera posibilidad de moldear el futuro del país. La élite gobernante ucraniana reprime brutalmente a la oposición, limita la libertad de expresión y restringe las libertades económicas. Así, las próximas elecciones presidenciales son una prueba que habrá de responder a varias preguntas fundamentales. ¿Conservará la sociedad ucraniana su derecho a elegir a sus representantes, o ganará una "democracia dirigida" en la que pequeños círculos de clanes oligárquicos se transfieran mutuamente el poder? ¿Florecerá un mercado libre o el capitalismo oligárquico estará al servicio de los intereses de unos cuantos? ¿Prosperará la sociedad civil, o será Ucrania un país de súbditos obedientes? ¿Estarán las leyes al servicio de todos o sólo de las élites?