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El imperativo de solidaridad de Europa

LONDRES – Cuando el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi proclamó públicamente que el BCE haría “lo que sea necesario” para asegurar la futura estabilidad del euro, sus comentarios tuvieron un efecto inmediato y sorprendente. Los costos de los créditos para España e Italia cayeron espectacularmente; los mercados de valores se recuperaron y la reciente disminución del valor externo del euro frenó repentinamente.

Sigue siendo incierto cuán largo será el efecto de las declaraciones de Draghi –o el apoyo que le ofrecieron la canciller alemana, Angela Merkel, el presidente francés, François Hollande y el primer ministro italiano, Mario Monti. Lo que podemos afirmar con seguridad es que los comentarios de Dragui y las reacciones que provocaron demuestran que los principales problemas de la eurozona no son esencialmente financieros o económicos; sino políticos, sicológicos e institucionales.

Los observadores internacionales asimilaron de ese modo el compromiso de Dragui de hacer “lo que sea necesario” para rescatar al euro, porque muchos de ellos han llegado a dudar del compromiso de otros líderes europeos para actuar del mismo modo. (Por supuesto, algunas de estas dudas responden a intereses políticos o financieros; un determinado modelo de capitalismo financiero percibe el euro como una amenaza, y sus partidarios harán lo que sea para acabar con él.)

Sin embargo, la incapacidad de los líderes de la eurozona para mitigar las dudas sobre su compromiso con el euro después de dos años y medio de crisis sugiere que el problema está profundamente arraigado. En su propia defensa, los ministros de la eurozona señalan el conjunto de reformas que realizaron en los últimos treinta meses, que promoverán la modernización económica, el restablecimiento de finanzas públicas sólidas y una mejor coordinación económica.