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La inestable situación de Europa

BERLÍN – Cada vez resulta más claro (incluso para los alemanes) que la crisis financiera puede significar la destrucción completa del proyecto de unificación europea, porque deja al desnudo las debilidades de la eurozona y de su armazón; debilidades que no son tanto financieras o económicas cuanto políticas.

El Tratado de Maastricht creó una unión monetaria, pero la unión política, que era un prerrequisito indispensable para el éxito de la moneda común, nunca se concretó. Y ahora el euro y los países que lo adoptaron sufren las consecuencias. En la actualidad, la eurozona se apoya sobre pilares inestables: es una confederación de estados que aspiran a tener una unión monetaria sin renunciar a la soberanía fiscal. Y en épocas de crisis, este esquema no puede funcionar.

Allá por 2007 y 2008, en los albores de la crisis, estábamos todavía a tiempo para corregir los defectos estructurales de la eurozona, siempre que Alemania hubiera apoyado una respuesta europea colectiva. Pero para los funcionarios alemanes pesó más la autonomía nacional; es decir, optaron por un modelo confederativo para Europa.

Lo cierto es que a lo largo de la historia, las confederaciones nunca funcionaron, porque dejan en el aire la cuestión de la soberanía (y por consiguiente, el poder y la legitimidad). Los Estados Unidos son un buen ejemplo: una vez obtenida la independencia, las colonias americanas se integraron en una unión, regida por los Artículos de la Confederación, en la que conservaban cierta autonomía. Pero como resultó un fracaso financiero y económico, al cabo de poco tiempo los EE. UU. tuvieron que adoptar un sistema federal con todas las letras.