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La segunda oportunidad de Europa en los Balcanes

Hablando acerca de la desintegración de Yugoslavia en 1991, el ex Presidente del Consejo de la UE Jacques Poos hizo su famosa pero hoy extemporánea afirmación: "Esta es la hora de Europa.... no la de los estadounidenses". Lo que la UE aprendió de los cuatro años subsiguientes de desastres en los Balcanes bajo su gestión está siendo sometido a prueba hoy por otra encrucijada importante y crisis potencial: cuándo y cómo Kosovo se ha de independizar. Una vez más, el papel de Europa puede ser decisivo.

Puede que la decisión acerca de Kosovo no implique la perspectiva de un nuevo conflicto de gran escala, pero plantea preguntas serias sobre las relaciones de Europa con Rusia y Estados Unidos, así como para la estabilidad en los Balcanes. Si bien EE.UU. tiene muchas cartas jugadas sobre el resultado, es obvio que los países de la UE tienen el interés más significativo en la región, y tal vez ahora asuman el papel de liderazgo que les corresponde.

Durante por lo menos los dos meses próximos, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas debatirá un plan para el futuro de Kosovo, al que se ha tratado de llegar con muchos esfuerzo a lo largo de un año de "negociaciones" entre los gobiernos con sede en Belgrado y Pristina por parte del enviado de la ONU y ex presidente finlandés Martti Ahtisaari. El plan establece una “independencia supervisada” de Kosovo, máxima protección para los serbios y otras minorías, y un papel supervisor de la UE. La propuesta de Ahtisaari representa un reconocimiento de que no es posible un acuerdo entre las partes, y que no hay alternativas constructivas a la independencia de Kosovo.

Junto con EE.UU., la UE ha hecho una campaña colectiva de apoyo a la propuesta de Ahtisaari. Sin embargo, a nivel individual una serie de países europeos –España, Grecia, Italia, Rumania, Eslovaquia y Austria- tienen una actitud escéptica o negativa sobre la independencia de Kosovo, lo que plantea profundas interrogantes acerca de la determinación de la UE.