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El imperativo que Obama representa para Europa

PARÍS -- ¿Señalarán el año 2009 y el comienzo de la presidencia de Barack Obama el comienzo de una nueva era en las relaciones transatlánticas o persistirán las antiguas divisiones, alimentadas por la profundidad y la gravedad de la crisis económica? ¿Propiciará la crisis actitudes nacionalistas y egoístas a los dos lados del Atlántico, con lo que se obstaculizará el tan esperado acercamiento, si no una reconciliación total?

Desde luego, es demasiado pronto para decirlo. Aun cuando el ala más izquierdista de la izquierda europea –como los más izquierdistas de los demócratas de los Estados Unidos– exprese preocupaciones por que Obama haya seleccionado un gabinete demasiado centrista, una forma clásica de antiamericanismo ha de reducirse en Europa. Es muy improbable que los europeos salgan a las calles a denunciar la “esencia” de los Estados Unidos –lo que los Estados Unidos son tanto como lo que hacen–, como hicieron durante la época de Bush e incluso durante la de Clinton. La idea que se tiene en Europa de los Estados Unidos ha cambiado profundamente desde el 4 de noviembre y el estilo de la diplomacia de Obama, una vez que éste pase a ejercer la presidencia, probablemente confirmará dicho cambio.

Sin embargo, en la esfera de las relaciones transatlánticas, como también a escala mundial, no es sensato esperar demasiado de un solo hombre, sean cuales fueren sus cualidades excepcionales. Siguen existiendo problemas fundamentales y es probable que surjan otros nuevos.

En primer lugar, sea cual fuere el brutal estilo de la nueva Rusia gobernada por Vladimir Putin y Dmitri Medvedev, la Unión Soviética dejó de existir y ya no constituye la amenaza común que fue el aglutinante de la Alianza hasta 1989.A no ser que ocurra algo muy grave, no está a punto de estallar una nueva guerra fría.