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El siguiente mercado único de Europa

La actual Comisión Europea ha dejado en claro su compromiso de reducir la burocracia al adoptar un enfoque de reglamentación que mantenga al mínimo posible el número de leyes que proponemos. Estamos hablando en serio.

Pero nuestro compromiso de reducir la cantidad de leyes se debe combinar con otro equivalente para hacer que las que ya tenemos cuenten realmente. Esta es una responsabilidad compartida y los Estados miembros tienen que hacer lo que les corresponde. Hasta que las leyes adoptadas en Bruselas se promulgan como leyes nacionales y se hacen cumplir adecuadamente son perros que ladran pero no muerden.

La mayoría de las leyes que se adoptan en Bruselas tienen un período de gracia –generalmente de unos dos años- para que los Estados miembros actúen. Los mismos Estados miembros establecen esta fecha límite, por lo que debería de ser tiempo más que suficiente. Después de eso no debería haber pretextos.

Hace diez años, la brecha entre las leyes del mercado único adoptadas en Bruselas y aquéllas que estaban en vigor en los Estados miembros –conocida como el “déficit de transposición” – era del 6%. Ante este pobre resultado, el Consejo Europeo de 2001 se comprometió a alcanzar una meta de no más del 1.5% en cualquier momento dado.