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Europa provincial

BERLIN – La ejecución de varias tareas al mismo tiempo no es precisamente el punto fuerte de la actual generación de líderes de Europa. Con buen criterio, le dieron máxima prioridad a la crisis de la eurozona -la cuestión central que afecta el futuro de la Unión Europea-. Pero todas las demás cuestiones importantes -sobre todo, una política exterior y de seguridad común- prácticamente han sido ignoradas por completo. Y es aquí -las relaciones externas de Europa, una cuestión absolutamente vital para el futuro de todos los ciudadanos de la UE- donde la renacionalización está volviendo a aparecer.

Hoy, podemos reconocer los contornos de un (des)orden internacional post-Estados Unidos -no sólo sus estructuras emergentes, sino también sus riesgos, amenazas y conflictos, que en todos los casos se están intensificando-. Para Europa -y para el resto del mundo- la crisis financiera resultó ser un acelerador de cambios de gran alcance.

En el este de Asia, la región más dinámica y dominante del mundo en términos de futuro desarrollo económico global, aumenta la confrontación entre las potencias clave –como China, Japón, Corea del Sur y Taiwán- respecto de cuestiones fronterizas, reclamos territoriales, prestigio y negocios históricos inconclusos. A esto hay que sumarle la eterna crisis en la península coreana y el conflicto de Taiwán, que podrían a estallar en cualquier momento.

Las potencias regionales del este de Asia operan prácticamente sin un marco multilateral, una situación comparable a la de Europa hacia fines del siglo XIX. Sólo la presencia militar y política de Estados Unidos asegura la estabilidad regional. Sin embargo, al menos en el mediano plazo, esa presencia implica el riesgo significativo de incitar una confrontación global entre China y Estados Unidos. Es más, Rusia -que se extiende hasta el este de Asia, pero que, debido a su debilidad económica y política, ha sido un actor en segundo plano allí -con certeza intentaría sacar provecho de este desenlace.