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La injusticia militar de Europa

LONDRES – El costo de enviar tropas y equipos militares a todo el mundo para dar seguridad cuando y donde se la necesite está generando grandes dolores de cabeza en Europa. De hecho, los ministros de finanzas europeos enfrentan un dilema acerca de qué proporción de sus ya exigidos presupuestos nacionales destinar a las fuerzas armadas, y las autoridades de defensa europeas deben asegurarse de alguna manera de que la valiosa financiación se gaste de la manera más eficaz posible.

El problema es agudo en el Reino Unido, no sólo debido a nuestro actual despliegue de tropas en Afganistán e Irak, sino también a los injustos sistemas por los cuales se financian las misiones encabezadas por la OTAN y las operaciones militares realizadas bajo la Política europea de seguridad y defensa (PESD). Bajo ambos sistemas, quienes aceptan la responsabilidad de emprender acciones militares también deben asumir buena parte de la carga financiera. Es tiempo de que nuestras alianzas de seguridad colectivas modifiquen estos métodos de financiación poco equitativos y   aseguren que todos los estados miembros paguen una parte proporcional del precio de la seguridad global.

No es ningún secreto el que el Ministerio de Defensa británico enfrenta una crisis de financiación. A pesar de que las fuerzas británicas han participado en dos grandes operaciones militares desde 2003, el gasto de defensa representa apenas un 2,3% del PGB, el más bajo desde los años 30. Como parte del gasto público total, el gasto en defensa ha caído desde un 7,8% en 1998 a un 6,1% en 2006.

Debido a las operaciones actuales en Irak y Afganistán, el futuro gobierno británico heredará unas fuerzas armadas sobreexigidas, con insuficiencia de hombres y que trabajan con equipos desgastados. Para corregir esto se necesitarían miles de millones de libras esterlinas.