La integración de Europa digitada por los mercados

BERLIN – Desde hace dos años, una tras otra las cumbres europeas han terminado con garantías de que -al final- se habían tomado las medidas necesarias para controlar la crisis de deuda soberana de la eurozona. A la mayoría se las retrató públicamente como grandes avances, aunque en la realidad no lo eran. Por lo general, pasaban unos tres días hasta que los mercados se daban cuenta y la crisis entraba en una nueva ronda.   

Como los líderes políticos de Europa no han podido manejar la crisis de manera efectiva, el costo de terminar con ella aumentó. De hecho, se dejó que una crisis financiera en Grecia, que podría haberse controlado fácilmente, se convirtiera en una cuestión de vida o muerte para los estados de la periferia sur de la Unión Europea- y para todo el proyecto europeo en general-. En otras palabras, la política en su peor versión. Y la mayor responsabilidad de que así fuera podría depositarse en la puerta de la canciller alemana Ángela Merkel.       

Por cierto, antes de la cumbre europea llevada a cabo en Bruselas el pasado diciembre, la confianza en el Consejo Europeo estaba tan desgastada que nadie parecía tomar sus decisiones en serio. Por supuesto, puede ser que el veto del Reino Unido de los cambios propuestos en la cumbre al Tratado de Lisboa de la Unión Europea ahogara todo lo demás, al mismo tiempo que aumentó aún más la desconfianza por parte del público y los mercados financieros en una Europa dividida.   

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