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La cuestión islámica de Europa

OXFORD – La presencia musulmana en aumento en Europa ha pasado a ser una cuestión fundamental para todos los países europeos, orientales y occidentales. Los numerosos debates que se han ido suscitando en todo el continente sobre el “multiculturalismo”, el “secularismo” o incluso la “identidad” están casi siempre relacionados con el factor “islámico”.

Esa vinculación no es necesariamente intolerante, porque existe una relación fundamental entre “valores” y “leyes”, por una parte y “cultura” y “diversidad”, por otra. De hecho, más que un debate sobre el “islam” y los “musulmanes”, Europa necesita un diálogo en serio consigo mismo sobre esa relación, pues se encuentra ante una crisis.

La pregunta adecuada que se debe formular es la siguiente: ¿puede Europa seguir siendo coherente con sus valores (democracia, igualdad, justicia, respeto, etcétera) y al mismo tiempo tolerar y albergar a nuevos ciudadanos con diferentes extracciones culturales y religiones? O dicho de otro modo: ¿están los europeos intelectual, lingüística y culturalmente preparados para afrontar el imperativo de combinar la igualdad con una ciudadanía europea cada vez más diversa?

A ese respecto el punto de partida está claro en realidad: los gobiernos no deben confundir los problemas socioeconómicos (desempleo, violencia, marginación, etcétera) con asuntos como la cultura y la religión. Dicho de otro modo, no se deben “culturizar”, “religionizar” o “islamizar” los problemas sociales.