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Los ajustes inevitables en Europa

BERKELEY – Lo que una vez podría haberse considerado como una simple crisis griega o unas crisis griega e irlandesa, ahora es claro que se trata de una crisis de la eurozona. Resolverla es a la vez más fácil y más difícil de lo que comúnmente se cree.

La economía es realmente muy simple. Grecia tiene un problema de presupuesto. Irlanda tiene un problema bancario. Portugal tiene uno de deuda privada. España tiene una combinación de los tres. Sin embargo, mientras los detalles difieren, las implicaciones son las mismas: todos tienen que soportar ahora recortes de gasto terriblemente dolorosos.

El procedimiento estándar para amortiguar los efectos de la austeridad es vincular los recortes internos con la devaluación de la moneda. La devaluación hace más competitivas las exportaciones, sustituyendo así la demanda externa por la demanda interna que se está comprimiendo.

Sin embargo, como ninguno de estos países tiene una moneda nacional que devaluar, tienen que sustituir la devaluación interna por la externa. Tienen que disminuir los salarios, las pensiones y otros costos para alcanzar el mismo aumento de la competitividad necesaria para remplazar la demanda externa por la interna.