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La sobredosis de armonía de Europa

PRAGA – Uno de los pilares del mercado único de la Unión Europea es la armonización. A primera vista, la idea parece estar llena de sentido. Los sistemas de reglas armonizadas facilitan que el capital y el trabajo se desplacen en busca de su mejor uso.

Lamentablemente, con demasiada frecuencia el celo unificador de algunos eurófilos ha ido más allá de los límites de la razón económica e incluso del sentido común. Más unificación y armonización no conduce necesariamente a soluciones eficaces -o siquiera razonables- a los problemas de la UE.

El principal objetivo de las nuevas medidas normativas europeas en consideración (aparte de la llamada nueva normativa de Basilea III) es dar más estabilidad al sistema financiero. El efecto indirecto será reducir el tamaño del sector financiero -en términos absolutos y en relación con la economía- y obstaculizar su crecimiento futuro.

Sin embargo, estos efectos también ocurrirán en los países de la UE cuyos sectores financieros han mantenido un alto nivel de estabilidad en la crisis actual. Prestar servicios financieros será más difícil y costoso en todos los países, a pesar de que los bancos de algunos de ellos se financian por medio de depósitos de largo plazo en lugar de préstamos interbancarios de corto plazo, con pocos activos tóxicos y préstamos locales cubiertos más que cómodamente por los depósitos locales.