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La generación de la UE que duda

PARÍS – El contraste entre la Declaración Schuman de 9 de mayo de 1950, que lanzó el proyecto de unificación europea mediante la Comunidad del Carbón y del Acero, y el tremendo intento de salvar a Grecia y rescatar el euro del 9 de mayo de 2010 no podía ser más absoluto.

Naturalmente, en 1950 la Guerra Fría arreciaba y Europa estaba mentalmente centrada en la recuperación tras la segunda guerra mundial. Era urgente dar muestras de imaginación... y los puestos decisivos estaban ocupados por las personas idóneas. Jean Monnet, que inspiró el proyecto, era pragmático y audaz. Robert Schuman, que presentó la idea de la unificación a los dirigentes de Europa, estaba animado por una profunda fe cristiana que ayudaba a hacer milagros.

A épocas diferentes corresponden personas y espíritus diferentes. La sede del Colegio de Europa en Natolin, cerca de Varsovia, es un barómetro casi perfecto para poner a prueba la moral de Europa. Si las jóvenes minorías selectas que reciben formación en él con miras a ocupar cargos en las instituciones de la Unión Europea han dejado de creer en el futuro de la UE, algo en verdad muy grave está ocurriendo. Es que, si ellas no creen en Europa, ¿quién lo hará?

En el campus de Natolin, estudiantes de posgrado que representan a más de treinta nacionalidades viven en una “jaula de oro”, como ellos mismos dicen. Se relacionan (o deberían hacerlo) para llegar a ser lo que muchos pueden haber sido ya antes de su llegada: “europeos”. Al menos así era y debería ser.