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El rincón de la desesperación de Europa

CHISINAU Tres pisos del edificio que aloja al parlamento de Moldova están en ruinas. En el mismo estado se encuentra la democracia en ese país, una ex república soviética que es actualmente el país más pobre de Europa. De los 3.5 millones de personas que había en Moldova en el momento de la independencia, el 15% se ha ido del país para buscar una mejor vida en otros lugares. Más del 63% de los jóvenes dicen que quieren irse.

A principios de abril, una controvertida victoria de los comunistas que gobiernan Moldova desencadenó protestas. Los opositores políticos y la gente desafecta, muchos de ellos jóvenes con escasas probabilidades de conseguir empleo, salieron a las calles. Algunos de los más violentos entraron por la fuerza a las oficinas del presidente del país y al edificio del parlamento, el cual incendiaron.

En respuesta, los comunistas culparon de la violencia a los partidos políticos de oposición, a los que llamaron “fascistas”, y a Rumania y los irredentistas rumanos en Moldova. La policía reprimió a los jóvenes y arrestó a cientos de ellos. Varios murieron, aparentemente a causa de las golpizas que recibieron. Más tarde, el presidente Vladimir Voronin concedió una amnistía a los detenidos. No obstante, muchos permanecen encarcelados y Voronin sigue lanzando acusaciones a la oposición y a Rumania de haber organizado un golpe de Estado. Se han iniciado procedimientos jurídicos contra los partidos de oposición.

Es importante restablecer la estabilidad y un sistema democrático justo en Moldova, en primer lugar porque sus habitantes merecen un gobierno que rinda cuentas. La estabilidad también es importante porque el país tiene frontera con Rumania, un Estado miembro de la Unión Europea. Los dos países comparten idioma y cultura y, hasta que Stalin los separó, incluso eran parte del mismo Estado.