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Europa, un oasis

PARÍS – Parece que el pesimismo acerca de Europa es mucho mayor dentro que fuera del continente. ¿Será que la distancia es condición indispensable para tener una visión más equilibrada respecto de la difícil situación que atraviesa Europa?

En una entrevista que le hicieron hace algunos meses, el presidente del Banco Chino de la Construcción, Wang Hongzhang, expresó en forma indirecta su (moderado) entusiasmo respecto de Europa. Tras citar un proverbio chino que dice “Un camello flaco es más grande que un caballo”, añadió que las economías de Europa son mucho más fuertes que lo que mucha gente cree. Y aunque no lo dijo tan explícitamente, insinuó que es buen momento para invertir en activos europeos a buen precio.

Por supuesto, es una visión optimista que no todos comparten. Del otro lado del Canal de la Mancha, los euroescépticos británicos se alegran de haber mantenido distancia respecto del “barco que se hunde”. Pero aunque hace poco The Economist describió a Francia como un país obstinado en negar sus problemas, lo mismo podría decirse del Reino Unido. Cierto es que este año los franceses no tuvieron ni unas Olimpíadas ni una celebración monárquica, pero en lo que atañe al estado de sus economías, ambos están básicamente en el mismo barco.

Si uno viaja a Estados Unidos o a Asia, como hice este otoño [boreal], la imagen de Europa se hace más brillante, aunque selectivamente: se la sigue viendo como un modelo positivo, pero ya no se la considera un actor global. Vista desde Estados Unidos, Europa tal vez ya no sea un problema, pero tampoco se la considera parte de la solución de ninguno de los problemas del mundo (a no ser, tal vez, aquellos que la afectan directamente, e incluso en esos casos quedan dudas).