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El juego de las culpas en Europa

Los líderes de la Unión Europea se acaban de reunir para ver cuáles son las lecciones de los fallidos referéndums sobre el Tratado Constitucional. Pero no tienen que ir muy lejos para encontrar a los culpables. En efecto, sólo tienen que mirarse al espejo y confrontar las consecuencias del juego deshonesto que han jugado durante demasiado tiempo.

A lo largo de los años, esos líderes quisieron cosechar los beneficios de las reformas y evitar la culpa, de manera que habitualmente dejaron que los funcionarios de la UE en Bruselas cargaran con los costos de medidas necesarias pero impopulares. Entonces se quejaban con sus pueblos de los "burócratas de Bruselas" y de su forma no democrática de proceder.

Pero estos líderes olvidaron que la gente podría en verdad creerles. Así, cuando los líderes de Francia y Holanda -totalmente en pro de la constitución- preguntaron a sus pueblos qué pensaban de la Unión, recibieron un claro eco de su propio mensaje: a la gente no le parecían las reformas y no le agradaban los "burócratas de Bruselas" con o sin constitución.

En ningún lugar ha sido más visible este juego de echarse la culpa que en la forma en que los gobiernos de la UE han manejado la desregulación del mercado de productos. Las recompensas que se pueden obtener al desregular los mercados de productos son muy grandes. Desarticular monopolios a menudo da como resultado precios mucho más bajos y con ello niveles de vida más altos para los consumidores, porque con el mismo salario se puede comprar mucho más.