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El déficit de visión de Europa

Los festejos para celebrar el 50 aniversario del Tratado de Roma este mes llegan en un momento oportuno. Ahora es el momento de que la Unión Europea ponga fin a su “período de reflexión” autoimpuesto tras el rechazo de la Constitución Europea por parte de los franceses y los holandeses, y reinicie el proceso de unificación que empezó en Roma hace 50 años.

El período de reflexión estuvo absolutamente desprovisto de verdadera reflexión, y los líderes europeos no lograron ofrecerles a los ciudadanos de Europa una visión nueva y sustancial. ¿Cómo debería lograrse, entonces, una “refundación” (Neubergründung) de Europa –como lo llamó la canciller alemana, Angela Merkel, en su primer discurso parlamentario sobre política europea?

En teoría, existes tres visiones fundamentalmente diferentes y enfrentadas sobre el futuro de la UE. Algunas aún adoptan la forma de un “estado de estados nación”. Quienes piensan así –y a los que, imprecisamente, se llama “federalistas”- se refieren a la Constitución como un paso necesario hacia una federación europea.

Una federación de este tipo se puede justificar diciendo que la sustancia moral de un estado nación se vio profundamente comprometida por la beligerancia pasada, o como una medida preventiva práctica para mantener bajo control cualquier posible ansiedad de un nuevo conflicto. Es más, el científico político británico Glyn Morgan sostuvo que un concepto robusto de seguridad paneuropea también requiere de un estado paneuropeo, y que es irresponsable por parte de las elites de Europa mantener una posición permanente de dependencia estratégica de Estados Unidos. Vinculado a esto está la idea de que sólo una UE fuerte puede salvar al “modelo social europeo”.