Un Consejo de Seguridad para Europa

La Unión Europea parece decidida a actuar como los avestruces, escondiendo la cabeza en montañas de declaraciones sobre política exterior. La mayoría de los gobiernos de la UE aceptan retóricamente la creación de una política exterior y de seguridad común, pero se niegan a tratar el problema fundamental: el hecho de que el poder (y la capacidad para proyectarlo) está distribuido de una forma muy desigual entre los Estados miembros de la Unión.

Lejos de reconocer esta realidad, todos lo miembros de la UE -antiguos y nuevos, pequeños y grandes- insisten en tener una participación igual en las decisiones sobre política exterior común. En consecuencia, la regla de la unanimidad sigue siendo el método principal para la toma de decisiones en este campo, aunque se están debatiendo contadas excepciones.

El consenso es sin duda importante, porque confiere credibilidad y legitimidad. Pero lo cierto es que algunos miembros de la UE son `más iguales' que otros, y los más poderosos en la Unión sienten que sus capacidades están limitadas. Esto también se aplica a otras organizaciones internacionales. Una de las raíces de la falta de interés de la administración Bush en la OTAN puede encontrarse probablemente en las intervenciones de pequeños países en las decisiones militares, por ejemplo la elección de los objetivos que debían ser bombardeados durante la guerra de Kosovo.

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