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Migrantes necesarios

BERLÍN – Qué conmovedor es aterrizar en Alemania, donde los hinchas de fútbol  exhiben carteles en los que dan la bienvenida a los refugiados procedentes de un Oriente Medio asolado por la guerra. Alemania es la nueva Tierra Prometida para los desesperados y los oprimidos, los supervivientes de la guerra y del pillaje.

Incluso los populares diarios sensacionalistas, normalmente nada inclinados al idealismo solidario, están fomentando la buena disposición a ayudar. Mientras los políticos del Reino Unido y de otros países se retuercen las manos y explican por qué incluso una afluencia relativamente menor de sirios, libios, iraquíes o eritreos constituye un peligro letal para el tejido social de sus sociedades, “Mamá Merkel” ha prometido que Alemania no rechazará a ningún refugiado auténtico.

Se espera que este año entren en Alemania unos 800.000 refugiados, mientras que el Primer Ministro de Gran Bretaña, David Cameron, se queja por haber recibido 30.000 solicitudes de asilo y advierte con tono siniestro sobre los “enjambres de personas” que cruzan el mar del Norte. Además a diferencia de Merkel, Cameron fue en parte responsable de haber contribuido a una de las guerras (la de Libia) que volvió intolerable la vida de millones de personas. No es de extrañar que Merkel quiera que otros países europeos  acepten a más refugiados conforme a un sistema de cupos vinculantes.

En realidad, pese a la preocupación retórica de sus políticos, el Reino Unido es una sociedad más étnicamente mezclada y, en algunos sentidos, más abierta que la de Alemania. Londres es incomparablemente más cosmopolita que Berlín o Fránkfurt y, en conjunto, Gran Bretaña se ha beneficiado en gran medida de la inmigración. De hecho, el Servicio Nacional de Salud ha advertido que aceptar a menos inmigrantes sería catastrófico, porque  los hospitales británicos padecerían un grave déficit de personal.