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La última oportunidad de Europa

BERLÍN – Gran parte de la historia de Europa estuvo marcada por el conflicto. El historiador norteamericano Robert Kagan escribió en 2003 que "los norteamericanos son de Marte y los europeos, de Venus"; pero Europa, durante siglos, fue hogar del dios romano de la guerra, no de la diosa del amor.

Venus encontró un hogar en Europa recién después de la Segunda Guerra Mundial, cuando surgieron muchas instituciones de gobernancia global, entre ellas las Naciones Unidas, el Banco Mundial y el sistema monetario de Bretton Woods. Durante la Guerra Fría, los países europeos perdieron todo menos su soberanía en manos de dos nuevas superpotencias globales, Estados Unidos y la Unión Soviética.

Erdogan

Whither Turkey?

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Finalmente, las dos superpotencias renunciaron a ese control dividido y el antiguo sistema estatal europeo fue reemplazado por la Unión Europea, con su promesa de paz eterna entre los estados miembro de la UE, y entre Europa y el mundo en general. El colapso del comunismo en Europa, seguido del de la Unión Soviética en 1991, se describió de manera triunfante en Europa y Estados Unidos como el "fin de la historia" -el triunfo global de la democracia liberal y el capitalismo de libre mercado.

Unas pocas décadas después, en el annus horribilis de 2016, todo esto suena bastante ingenuo. En lugar de una paz sostenida y de una "unión cada vez más estrecha", los europeos están experimentando episodios de desorden y violencia casi a diario. Estos incluyen la decisión del Reino Unido de abandonar la UE, un aluvión de ataques terroristas en París, Niza, Normandía y otras partes; una renovada agresión por parte de Rusia; y un fallido golpe sangriento en Turquía, seguido de las medidas enérgicas del presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, contra la sociedad civil turca, que ha planteado temores sobre la fiabilidad de Turquía como socio de Occidente.

Es más, la crisis de refugiados de Europa, con las personas en busca de asilo que llegan desde Oriente Medio y el norte de África, todavía tiene que resolverse. Los efectos de derrame de las guerras civiles y las dictaduras militares en el vecindario de Europa siguen amenazando al continente, y Estados Unidos parece estar cansándose de su papel de garante universal de la seguridad y el orden globales. Estos y otros factores han llevado a muchos europeos a creer que los años de paz quedaron atrás.

Uno podría pensar que esta diversidad de problemas motivaría a los europeos a fortalecer la UE, para tomar control de la situación y mitigar los crecientes riesgos. En lugar de eso, muchos europeos están detrás de pancartas populistas a favor del nacionalismo y aislacionismo del siglo XIX y principios del siglo XX.

Este no es un buen presagio para Europa. En el siglo XXI, un alejamiento de la cooperación y la integración equivale a enterrar la cabeza en la arena y esperar que los peligros pasen. Y, mientras tanto, el resurgimiento de la xenofobia y el racismo descarado está destruyendo el tejido social que Europa necesitará para impedir las amenazas a la paz y el orden.

¿Cómo llegamos a esto? Si miramos 26 años para atrás, deberíamos admitir que la desintegración de la Unión Soviética -y, con ella, el fin de la Guerra Fría- no fue el fin de la historia, sino más bien el comienzo del desenlace del orden liberal occidental. Al perder a su enemigo existencial, Occidente perdió el contrapunto contra el cual declaró su propia superioridad moral.

Los años 1989-1991 fueron el comienzo de una transición histórica del mundo bipolar de la era posterior a la Segunda Guerra Mundial hacia el mundo globalizado de hoy, un lugar familiar, pero que todavía no entendemos del todo.

Algo es claro: el poder político y económico está virando del Atlántico al Pacífico, y se aleja de Europa. Esto deja muchos interrogantes abiertos: ¿Qué potencia (o potencias) forjarán este futuro orden mundial? ¿La transición será pacífica y Occidente saldrá intacto? ¿Qué tipo de nuevas instituciones de gobernancia global surgirán? ¿Y qué será de la antigua Europa -y del transatlanticismo- en una "era del Pacífico"?

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Esta podría ser la última oportunidad de Europa de culminar el proyecto de unificación. La ventana histórica de oportunidad que se abrió durante el período de internacionalismo liberal occidental se está cerrando rápidamente. Si Europa pierde su oportunidad, no es exagerado decir que lo que la espera es el desastre.

Los políticos europeos hoy les ofrecen a los votantes una elección entre pragmatismo modesto y nacionalismo tempestuoso. Pero lo que Europa necesita hoy es una tercera vía: un liderazgo político que pueda pensar de manera creativa y actuar con valentía para el largo plazo. De lo contrario, Europa puede llegar a sufrir un golpe duro.