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por Alexander Livshits

La asimilación política y estratégica de Rusia con Occidente continúa a paso acelerado. Día con día las relaciones con la OTAN se fortalecen. La nueva orientación es irrevocable. Pero a pesar del precio que el presidente Putin está pagando en casa por sus políticas prooccidentales, las cuales no son tan populares en Rusia como lo son en Occidente, han surgido pocas recompensas económicas, sobre todo al tratarse de la Unión Europea (UE).

Sin duda parece que Europa no tiene ninguna prisa por mejorar el acceso que Rusia tiene a sus mercados. En mayo, durante la cumbre UE-Rusia, el presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, finalmente confirmó el estatus de "economía de mercado" de Rusia, una medida que debería haber mejorado el acceso de Rusia a los mercados europeos. Pero ahora parece poco probable que los Estados miembros de la UE aprueben individualmente esa designación antes del 18 de septiembre, algo que deben hacer si es que ha de ser aplicada.

En lugar de abrir la puerta, la UE parece determinada a encontrar medios encubiertos para cerrar sus mercados a los bienes rusos. Desde mayo, la comisión de política comercial de la UE ha estado preparando una serie de estrictas nuevas reglas para administrar las exportaciones de Rusia a la UE. Estos nuevos reglamentos podrían convertir la promesa del "estatus de economía de mercado" concedido a Rusia, en una mera formalidad que no incrementará ni jota el acceso de Rusia al mercado de la UE.