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Europa en el país de las maravillas

BERLÍN – Europa y sus gobiernos nacionales están disfrutando su nueva capacidad para actuar – y con razón. ¿Quién se habría atrevido a predecir hace apenas unas semanas que al final serían los divididos europeos y no los Estados Unidos quienes decidirían la manera de contener la crisis financiera mundial?

Las crisis severas son momentos determinantes en la historia. Es cierto que los Estados Unidos están en un interregno hasta que se elija a un nuevo presidente. Además, George W. Bush parece estar más débil que cualquier presidente saliente, lo que ha creado un vacío de poder que el presidente francés, Nicolás Sarkozy, quien también es el presidente actual del Consejo Europeo, ha llenado con entusiasmo. Sarkozy ya desempeñó ese papel en la crisis de Georgia; ahora lo ha reforzado.

Al convocar al grupo del euro, que actualmente incluye a 15 miembros de la Unión Europea, la presidencia francesa pudo contar con un grupo de vanguardia políticamente funcional. La UE tiene una sólida base institucional, sobre todo en lo que se refiere a las cuestiones financieras y de divisas –el euro como moneda común, el Banco Central Europeo y los criterios vinculantes en materia de presupuesto y deuda del Tratado de Maastricht. En efecto, la actual crisis financiera mundial ha demostrado una vez más que la UE es fuerte en las áreas donde ha logrado integrar los intereses de sus Estados miembros y débil en las que no lo ha conseguido.

Por supuesto, la crisis no se ha superado. Hemos ganado tiempo y podemos tomarnos un respiro – ni más ni menos. Cuando se está al borde del abismo, como lo ha estado el sistema financiero mundial en las últimas semanas, tener un punto de apoyo, aunque sea sólo temporalmente, significa una gran diferencia.