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¿Europa o anti-Europa?

MILÁN – Hace poco, un amigo muy informado me preguntó en Milán: “Si un inversor extranjero, por ejemplo, un estadounidense, quisiera invertir una suma sustancial en la economía italiana, ¿qué le recomendarías?”. Le respondí que aunque hay muchas oportunidades en diversas empresas y sectores, el ambiente general para las inversiones está complicado. De modo que le recomendaría invertir en compañía de un socio local informado, que sepa explorar el sistema y detectar riesgos parcialmente ocultos.

Claro que el mismo consejo se aplica a muchos otros países, como China, la India y Brasil. Pero la eurozona se está convirtiendo cada vez más en un bloque económico de dos velocidades, y las posibles derivaciones políticas de esta tendencia amplifican las inquietudes de los inversores.

En una reunión reciente de asesores de inversión de alto nivel, uno de los organizadores preguntó a los presentes si pensaban que el euro seguiría existiendo cinco años después. Sólo una persona entre 200 dijo que no, lo cual supone una evaluación colectiva de los riesgos bastante sorprendente, dada la actual situación económica de Europa.

Ahora mismo, el PIB real (ajustado por inflación) de Italia está más o menos en el nivel de 2001. A España le va mejor, pero su PIB real todavía es muy similar al de 2008 (justo antes de la crisis financiera). Y los países de Europa meridional, incluida Francia, han experimentado recuperaciones extremadamente débiles y un pertinaz alto desempleo (que excede el 10% y es mucho mayor aún entre los jóvenes de menos de 30 años).