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Razones por las que la deflación es buena para Europa

BRUSELAS – En la economía mundial actual, no hay un precio más importante que el del petróleo crudo. Se producen (y se consumen) más de 80 millones de barriles diarios y una gran parte de esa producción se comercializa internacionalmente. Así, pues, la acusada bajada del precio del petróleo crudo –de unos 110 dólares el año pasado a unos 60 dólares hoy– está permitiendo ahorrar centenares de miles de millones de dólares en importaciones de petróleo. Para la Unión Europea y los Estados Unidos, el beneficio de dicha bajada equivale al dos o el tres por ciento, aproximadamente, del PIB.

Para Europa, los beneficios de un petróleo barato podrían aumentar con el tiempo, porque los contratos de suministro de gas a largo plazo están en gran medida vinculados con el precio del petróleo, lo que representa otra ventaja para esa región, donde los precios del gas natural eran, hasta hace poco, varias veces mayores que en los EE.UU., beneficiados por unos menores costos de la energía del esquisto.

Pero muchos observadores han sostenido que el petróleo barato tiene también un aspecto negativo, porque exacerba las tendencias deflacionarias en los países avanzados, que ya parecen haber caído en la trampa del crecimiento escaso. Según esa opinión, el acusado descenso de los precios del petróleo dificultará aún más a los bancos centrales de dichos países la consecución de la tasa de inflación anual del dos por ciento, que la mayoría han fijado en cumplimiento del mandato para la estabilidad de los precios.

La zona del euro en particular parece estar en peligro, pues ahora los precios están bajando por primera vez desde 2009. Según se sostiene, esa deflación es mala, porque dificulta aún más a los deudores –en particular los de las economías con problemas de la periferia de la zona del euro (España, Grecia, Irlanda, Italia y Portugal)– el pago de lo que deben.