EU leaders Matthew Mirabelli/Stringer

The European Union First

MUNICH – La Unión Europea es hoy más necesaria que nunca, no sólo para Europa sino para el mundo entero. Ante un contexto global convulso e incierto, el proyecto europeo aparece como un instrumento esencial para hacer frente a las amenazas más serias a las que nos enfrentamos: los cantos de sirena del aislacionismo y el proteccionismo internacional y los nacionalismos y extremismos que, una vez más, asoman la cabeza en Europa y más allá. La UE constituye nuestra mejor herramienta para combatir ambos. Una UE que aún afronta retos importantes y para la que el Brexit ha supuesto un duro golpe. Urge por tanto trabajar para consolidarla y por ello sus estados deben tener hoy una prioridad clara: the European Union first. Dicha misión no debe ser entendida como ejercicio de unilateralismo, sino todo lo contrario, como inversión en el mejor instrumento que tenemos para defender el multilateralismo y enfrentarnos a los populismos y nacionalismos excluyentes en el continente.

El multilateralismo que ha regido el orden político internacional durante los últimos setenta años no es un capricho ni un lujo. Al contrario, es la necesaria y más importante herramienta para afrontar los retos de un mundo interconectado muchos de cuyos problemas no pueden ser abordados a nivel nacional. Este orden se sustenta en varios principios básicos: que el mantener la paz y construir el progreso requiere entender y respetar las necesidades e intereses del otro; que estos intereses pueden tener tanta legitimidad como los nuestros; y que con espíritu constructivo podemos llegar a acuerdos en los que cediendo todos ganamos todos. El multilateralismo no es por tanto producto de una solidaridad insostenible sino el resultado de una interpretación inteligente y con amplitud de miras del interés propio.

La máxima de America first que el Presidente Trump ha fijado como principio de las relaciones exteriores de EEUU es por ello particularmente preocupante y su aparente simplismo esconde una amenaza de primer orden a la estabilidad global, pues genera un incentivo al resto de estados a adoptar la misma postura. Pero si todos anteponemos nuestros intereses sin consideración a los de los demás, si reducimos la gestión del orden internacional a meras relaciones bilaterales, se estrechan hasta lo inexistente los espacios comunes y las sinergias que permiten llegar a acuerdos. Si nadie cede todos perdemos. Especialmente problemático es que quien adopte dicha actitud sea la primera potencia mundial, la que fija el modelo y los incentivos para el resto de países. Un enfoque unilateral y aislacionista lleva a un mundo más inestable y, por tanto, no hace a EEUU más seguro sino todo lo contrario.

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