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Europa y las potencias en ascenso

KIEV – El centro de gravedad del mundo está dirigiéndose hacia el Este tan rápido, que nosotros, los europeos, casi sentimos el suelo moverse bajo nuestros pies. Como casi todos los protagonistas en el escenario internacional están reformulando sus papeles ante ese cambio tectónico, Europa debe hacer lo mismo. Por eso, está bien que el Consejo de Ministros de la UE se reúna para abordar ese imperativo.

Sin embargo, durante decenios los europeos han estado más centrados en la unificación y en las disposiciones constitucionales que en la diplomacia tradicional. Desde luego, las rivalidades históricas de Europa han desaparecido civilizadamente gracias a un modelo político que los diplomáticos europeos ven con frecuencia aplicable en todo el escenario internacional.

Desde luego, el consenso, la transacción y la soberanía en común son las únicas formas de resolver muchos de los grandes problemas –el cambio climático, la proliferación nuclear– que afectan a nuestro mundo, pero sobre las grandes cuestiones de la guerra, la paz y el equilibrio de poder, Europa parece atrapada entre una política exterior insuficientemente cohesionada y la incertidumbre entre los países por separado sobre cómo determinar y asegurar sus intereses nacionales.

En cambio, las potencias en ascenso del mundo –el Brasil, China, la India y Rusia– insisten no sólo en la primacía de sus intereses nacionales, sino también, como demostraron las fracasadas negociaciones sobre el clima celebradas el pasado mes de diciembre en Copenhague, en la libertad de acción soberana. Para ellas, la geopolítica no es anatema; es la base de todas sus acciones exteriores. Sus públicos siguen unidos en pro de la defensa del interés nacional; el ejercicio del poder sigue siendo el núcleo de sus cálculos diplomáticos.