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Europa y el nuevo orden mundial

BERLIN – El 15 de noviembre de 2008 es una fecha para recordar, porque ese día se hizo historia. Por primera vez, el G-20, las veinte principales economías del mundo, se reunieron en Washington D.C. para encontrar una respuesta a la crisis financiera y económica global. Si bien este primer encuentro no resultó en otra cosa que en declaraciones de intención, aún así marca un punto de inflexión histórico.

Frente a la crisis financiera y económica más grave a nivel mundial desde los años 1930, las naciones industriales occidentales (incluida Rusia) que anteriormente dominaban la economía mundial ya no son capaces de ofrecer una respuesta efectiva. Es más, las esperanzas de mitigar o, de hecho, superar la crisis económica global dependen exclusivamente de las potencias económicas emergentes, siendo China la primera y principal.

En consecuencia, el G-8, que excluye a los países más importantes de los mercados emergentes, ha perdido su importancia para bien. La globalización resultó en un cambio perdurable en la distribución del poder y las oportunidades, sentando las bases para un nuevo orden mundial para el siglo XXI.

Una vez que se supere la actual crisis global, nunca nada será lo mismo. Occidente -Estados Unidos y Europa- está experimentando una relativa caída, mientras que las potencias emergentes de Asia y América latina estarán entre los ganadores.