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Los agonistas de Europa

En las relaciones trasatlánticas, nada tiene mayor potencial de causar divisiones que el problema de la seguridad de Israel. Desde ese punto de vista, a pesar de un nuevo acercamiento entre Francia y Estados Unidos, que culminó en una resolución conjunta de la ONU, la última guerra en el Oriente Próximo en realidad está ampliando y profundizando la brecha emocional que ha existido entre Europa y EE.UU. desde que comenzara la guerra en Irak.

Lo que estamos viendo puede interpretarse como una versión en la vida real de la obra "Cada uno a su manera", de Luigi Pirandello. Y, para ser justos, cada lado tiene algo de verdad.

Para la mayoría de los estadounidenses, ahora más que nunca Israel está en la primera línea de defensa del Occidente contra el Islam radical liderado por los iraníes, incluso si no están de acuerdo con las opciones tácticas del gobierno de Ehud Olmert. Esta guerra, a diferencia de la anterior de 1982 en el Líbano, no es para los estadounidenses cuestión de opción, sino de necesidad.

Para una mayoría de los europeos, a pesar de que no tienen la menor simpatía por los musulmanes radicales, sean suníes o chiíes, la ofensiva israelí contra Hizbulah y su resultado, la destrucción del Líbano, son vistos como una derrota autoinferida de Israel y como un potencial detonante de un choque de civilizaciones entre el Islam y Occidente. Pues, a fin de cuentas, una solución del conflicto entre Israel y sus vecinos sólo puede ser política.