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Europa, un motor de paz

Los críticos de la integración monetaria europea señalan con frecuencia que, por falta de una unión política, la unión monetaria está condenada a fracasar. Estoy de acuerdo con la conclusión de los críticos, pero no con su premisa, pues el éxito de la moneda única hasta ahora se ha debido precisamente a los compromisos políticos de los países miembros de la Unión.

Dicho de otro modo, no es cierto que la Unión Europea no constituya una unión política. La integración económica europea –en todos sus aspectos- refleja el deseo de integrar a Europa políticamente, cosa que, al menos en mi opinión, entraña la irreversibilidad de la integración económica y monetaria europea.

Así ha sido desde el principio del proceso de integración europea en 1952, cuando seis países crearon la Comunidad del Carbón y del Acero (CECA). El objetivo de la CECA era explícitamente político: eliminar el control de las dos materias primas más importantes para la producción de armamento pesado de Estados que acababan de enfrentarse en la guerra más sangrienta de la Historia.

Ese impulso en pro de la paz siguió siendo, discretamente, la motivación principal en que se basaron los pasos posteriores hacia la integración económica de Europa, que se consideró el vehículo para lograr la integración política.