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Europa no necesita solidaridad

ATENAS – Aunque en realidad Gran Bretaña y Estados Unidos nunca fueron (como ironizó cierta vez George Bernard Shaw) dos países divididos por un mismo idioma, no hay duda de que la Europa contemporánea está dividida por una sola palabra, presunta piedra angular de la Unión Europea: la solidaridad.

Un genio maligno que quisiera maximizar la desunión europea no hubiera podido calibrar mejor el daño que la COVID‑19 le hizo a Europa. En Italia (que una década después de la crisis del euro sigue siendo la economía más afectada de la UE, con el potencial de crecimiento más reducido, la mayor deuda pública, el menor margen de maniobra fiscal y el entorno político más frágil), la pandemia provocó una cifra de muertos terrible, y la posterior implosión económica extenderá todavía más el sufrimiento.

Asimismo, España, cuyo pueblo soportó después de la crisis del euro niveles terribles de desempleo y desahucios desgarradores, se ha vuelto epicentro del coronavirus. En cuanto a Grecia, si bien la cifra de muertes ha sido felizmente baja, la caída del ingreso por turismo del que depende la economía se suma a una década de crisis que ya nos hundió en una depresión insoportable.

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