Petro Poroshenko, Federica Mogherini Igor Golovniov/ZumaPress

La UE mantiene el rumbo en Europa del Este

ESTOCOLMO – Mientras los líderes de la Unión Europea se reúnen en Riga con los seis miembros del grupo denominado “Asociación Oriental”, muchos recuerdan la dramática reunión celebrada en Vilnius en noviembre de 2013. Fue allí que bajo intensa presión de Rusia, quien era entonces presidente de Ucrania, Víktor Yanukóvych, se negó a firmar el Acuerdo de Asociación entre Ucrania y la UE que se había negociado entre 2007 y 2012.

Cuando Yanukóvych volvió a Ucrania, lo esperaban miles de manifestantes en la plaza de la Independencia (Maidán) en Kiev, que movilizaron todo el país decididos a obligarlo a cumplir su promesa de firmar el acuerdo con la UE y no llevar a Ucrania a una unión aduanera con Rusia. Yanukóvych no pudo aplastar el movimiento con sus fuerzas de seguridad y huyó del país. Desde entonces, las acciones de Moscú en Ucrania no han hecho más que recalcar la importancia de la Asociación Oriental.

La Asociación Oriental nació en 2009 por iniciativa de Polonia y Suecia (país este último del que yo era ministro de asuntos exteriores). Su objetivo era responder al deseo de Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Georgia, Moldavia y Ucrania de obtener algunos de los instrumentos de integración que ayudaron a transformar los países centroeuropeos y bálticos en democracias (y ahora también, miembros de la UE).

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