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La parálisis migratoria de Europa

BERLÍN – Durante muchos siglos, Europa fue un continente plagado de guerras, hambrunas y pobreza. Millones de europeos se vieron obligados a emigrar por una privación económica y social. Cruzaron el Atlántico en barco hasta Norteamérica y Sudamérica, y llegaron a lugares tan lejanos como Australia, huyendo de la miseria y buscando una vida mejor para ellos y para sus hijos.

Todos ellos, según la terminología del actual debate sobre inmigración y refugiados, eran "migrantes económicos". Durante el siglo XX, la persecución racial, la opresión política y los estragos de dos guerras mundiales se volvieron causas predominantes de la huida.

Hoy, la Unión Europea es una de las regiones económicas más ricas del mundo. Durante décadas, una mayoría abrumadora de europeos ha vivido en estados democráticos pacíficos que defienden sus derechos fundamentales. La propia miseria y migración de Europa se han vuelto un recuerdo distante (si no completamente olvidado).

Y, sin embargo, muchos europeos se sienten amenazados una vez más, no por Rusia, que presiona para expandirse a costa de sus vecinos, sino por los refugiados y los inmigrantes -las personas más pobres del mundo-. En tanto cientos de personas se ahogaron en embarcaciones en el Mar Mediterráneo este verano (boreal), se empezaron a escuchar voces en casi todos los rincones de Europa, 26 años después de la caída de la Cortina de Hierro, que reclaman aislamiento, deportaciones masivas y la construcción de nuevos muros y cercos. En toda Europa, la xenofobia y el racismo declarado están avanzando descontroladamente, y los partidos nacionalistas, inclusive de extrema derecha, están ganando terreno.