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El año decisivo de Europa

BERLÍN – La crisis del euro, se dice, terminó. La calma ha regresado a los mercados financieros, en medio de promesas inquebrantables de parte de las autoridades de la Unión Europea -particularmente el Banco Central Europeo- de que se preservará la unión monetaria. Pero las economías del sur de Europa siguen deprimidas, y la eurozona en su totalidad padece un crecimiento estancado, una presión deflacionaria y, en los países en crisis, un desempleo persistentemente alto.

Como es de imaginarse, en vista de la evidente incapacidad de las autoridades de la UE para poner fin al malestar, muchos estados miembro están perdiendo la paciencia con la austeridad. De hecho, algunos países enfrentan una turbulencia política.

Cuando se produzca la agitación, probablemente sea generada -como sucedió con la crisis del euro- por Grecia, en donde se llevará a cabo una elección presidencial que, al parecer, tiene pocas chances de arrojar un ganador. Si el parlamento griego no elige un nuevo presidente por una mayoría de dos tercios en la tercera y última ronda la semana próxima, será disuelto y se llamará a una elección apresurada. El riesgo es que Syriza, un partido socialista de extrema izquierda, llegue al poder.

Para ganar, Syriza o bien debe engañar a sus votantes sobre sus opciones, o bien debe insistir en que renegociará las condiciones de reembolso impuestas a Grecia por la llamada Troika (la Comisión Europea, el BCE y el Fondo Monetario Internacional), al mismo tiempo que iniciará una acción unilateral en caso de un fracaso de la renegociación. Pero cualquier renegociación luego de una victoria de Syriza sin duda desataría una avalancha política en el sur de la UE que barrería con la austeridad y volvería a encender de lleno la crisis de la eurozona.