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Para evitar la japonización de Europa

BOLOÑA – A medida que las autoridades monetarias y fiscales actúan con determinación para aminorar el impacto económico de la pandemia de COVID-19, han aumentado con rapidez los balances de los bancos centrales y la deuda pública. En la Unión Europea, esta tendencia se ve agravada por un nuevo fondo de recuperación para el COVID-19, que asciende a 750 mil millones de euros ($886 mil millones), que contempla la emisión de los llamados “bonos de recuperación”, garantizados por el presupuesto multianual de la UE y, posiblemente, por un impuesto general europeo.

Esto es un terreno completamente inexplorado para todos los países avanzados excepto uno: Japón. No es el mundo “amistoso” de los años 90, con su inflación estable, una producción predecible, prudencia fiscal y un banco central centrado en manejar las tasas de interés de corto plazo para cumplir metas inflacionarias. Pero nuestro planeta tampoco se asemeja a los turbulentos años 70, marcados por una alta inflación, producción volátil, despilfarro fiscal y políticas monetarias excesivamente acomodaticias.

En el mundo actual, la inflación es muy baja y se proyecta que se mantenga así, y las autoridades monetarias disfrutan de una significativa credibilidad, mucho mayor que en el pasado. Los países avanzados se encaminan a una situación en que la distinción entre política fiscal y política monetaria es meramente académica, y es poco realista la consolidación de la deuda.

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