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Las verdaderas amenazas que enfrenta la Unión Europea

LONDRES – En el Reino Unido, Brexit se cierne como una gran preocupación, y todos, desde los ministros de gobierno hasta periódicos sensacionalistas, expresan a diario efervescentes elucubraciones relativas al acuerdo al que se arribará con la Unión Europea y los efectos que el mismo tendrá. Pero, la UE enfrenta demasiados desafíos apremiantes como para obsesionarse con Gran Bretaña.

La preocupación del Reino Unido es comprensible: cada vez se acumulan más pruebas sobre el daño probable que sufrirá la economía del Reino Unido como consecuencia de su alejamiento del mercado único y de la unión aduanera. Según una nueva investigación del Centro para la Reforma Europea, la economía del Reino Unido ya disminuyó un 2,1% en tamaño en comparación al que hubiese tenido si los votantes hubieran optado por quedarse en la UE. El impacto en las finanzas públicas asciende a £440 millones ($579 millones) por semana.

La falta de información sobre cómo se desenvolverá Brexit ha preocupado a las empresas. El Director Ejecutivo de Siemens UK, Jürgen Maier, recientemente instó a los líderes británicos para que aclararen cómo funcionará el comercio con la UE, instándoles a garantizar que el país permanezca en la unión aduanera. Airbus ha advertido que un resultado “sin acuerdo con la UE” le obligaría a reevaluar su posición a largo plazo en el país, poniendo en riesgo  miles de puestos de trabajo británicos. BMW ha confirmado su compromiso de permanecer en el Reino Unido, pero advirtió que los costos podrían elevarse.

Tales advertencias no han sido recibidas amablemente por quienes están a favor de Brexit, los denominados ‘Brexiteers’. El ministro de Salud británico, Jeremy Hunt, las calificó como “completamente inapropiadas” e insistió en que “socavan” a la primera ministra Theresa May. Sin embargo, May está haciendo un buen trabajo en cuanto a socavarse a sí misma: su afirmación sobre que un “dividendo de Brexit” financiará parcialmente los aumentos en el gasto que se asigna al Servicio Nacional de Salud ha sido ampliamente condenada como una mentira.

Pero, ¿qué piensa la Unión Europea de todo esto? Parece que los líderes de la UE han aceptado que nosotros, los británicos, hemos dejado de lado la cordura, y no hay mucho que puedan hacer al respecto. Ciertamente, estos líderes no van a socavar su propio modelo económico exitoso que se basa en la ley para hacernos un favor. Brexit nos lastimará mucho más de lo que perjudicará a la Unión Europea.

Lo que realmente podría perjudicar a la UE – e incluso pone bajo amenaza su estructura medular – es una serie de otros desafíos, comenzando con las amenazas del presidente estadounidense Donald Trump al vigor, e inclusive a la supervivencia, de la alianza transatlántica, un pilar clave del orden mundial posterior a la Segunda Guerra Mundial. Trump simplemente prefiere más a dictadores que a los líderes democráticos, y carece de cualquier respeto por sus aliados. Los elogios que vertió Trump sobre el líder norcoreano Kim Jong-un en la cumbre que ellos sostuvieron en Singapur contrastan enormemente con las críticas que dirigió al primer ministro canadiense Justin Trudeau tras la cumbre del G7 en Quebec.

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Una de las posturas más problemáticas de Trump se relaciona con el comercio. Trump ha determinado, sobre la base de un profundo malentendido acerca de cómo funciona el comercio, que el comercio es un ámbito que enfrenta a Estados Unidos contra el mundo. En lugar de colaborar con Europa y Japón y fortalecer la Organización Mundial del Comercio para contrarrestar el mercantilismo chino, Trump ha decidido actuar por su propia cuenta, atacando incluso a sus aliados más cercanos, hecho que podría llegar a elevarse a una guerra comercial generalizada que lastimará a todos, incluyendo a la industria y consumidores estadounidenses.

Otro desafío apremiante que enfrenta Europa es la inmigración. A principios de este año, Trump aprobó una política de inmigración de “tolerancia cero” que no sólo procesará ante la justicia a todos los adultos – incluso a los solicitantes de asilo – que crucen ilegalmente la frontera, sino que también los separará de sus hijos deteniendo a estos últimos por separado (sin embargo, se debe mencionar que Trump posteriormente emitió una orden ejecutiva para revertir la separación de las familias). Este es un ejemplo que ningún país civilizado debería ni siquiera considerar copiar. No obstante, algunos países en Europa parecen creer que existe justificación para la construcción de vallas de alambre de púas a lo largo de las fronteras (Hungría) o para el cierre de sus puertos a buques llenos de refugiados (Italia y Malta).  

Tal comportamiento ciertamente obtiene la aquiescencia trumpiana. De hecho, a los populistas de derecha en Europa prácticamente se les garantiza una palmadita de aprobación en la espalda y unas palabras de aliento del ex estratega en jefe de Trump, Stephen Bannon, e incluso la aprobación de algunos embajadores de Estados Unidos.

Entre tanto, los demócratas europeos que tienen una visión civilizada de la gobernanza son castigados. ¿Qué hizo Alemania para merecer a un Richard Grenell – quien ha aseverado su deseo de “empoderar a otros conservadores” – como embajador de Estados Unidos en este país? La respuesta, aparentemente, es que su canciller centrista, Ángela Merkel, ha ejercido presión en contra de Trump.

Sin embargo, drenar y extraer el veneno de Europa requerirá mucho más que regaños a Estados Unidos y oraciones pidiendo la pronta salida de Trump. De hecho, algunos abordajes de los líderes de la Unión Europea a asuntos como, por ejemplo, la inmigración, amenazan con crear problemas sistémicos que perdurarán por largo tiempo, incluso subsistirán más allá del momento en el que Trump haya regresado a su vida en los campos de golf y los tribunales de bancarrota. Se puede perdonar a los líderes sensatos de Europa por haber enviado cortésmente al Reino Unido a recorrer el camino que ellos mismos eligieron, de manera que dichos líderes puedan centrar su atención en las amenazas que afectan a la cohesión a largo plazo y a los valores fundamentales de Europa.

La Unión Europea siempre se ha enorgullecido de ser una comunidad con valores que protege a las minorías y ha acogido a los pobres y oprimidos. Al fin y al cabo, la UE está compuesta por minorías y ha sufrido su cuota de pobreza y adversidades.

Pero, ¿qué valores podrían verisímilmente podrían demócratas como Ángela Merkel de Alemania, Emmanuel Macron de Francia y Mark Rutte de los Países Bajos compartir con los jefes políticos de la extrema derecha en Hungría, Polonia, Italia e incluso Austria? Sebastián Kurz, el fastidioso joven canciller de Austria, busca activamente movilizar la oposición a Merkel, a pesar de que la actitud de la mencionada canciller salvó a Austria de un aluvión de solicitantes de asilo.

El sentido común y la experiencia deberían decirnos que un eslóganismo egoísta, que viola el estado de derecho y descarta compromisos internacionales, no es una receta para la formulación de buenas políticas. Macron está en lo cierto cuando asevera que a la Hungría de Viktor Orbán y a la Polonia de Jarosław Kaczynski no se les debería permitir recurrir a los bolsillos de sus socios europeos más ricos, entre tanto estos países pisoteen los valores de la UE.

La UE debe afrontar los desafíos que se avecinan con políticas cohesivas y colaborativas que combinen la eficacia con el decencia humana básica. En materia de migración, por ejemplo, la Unión Europea debe trabajar como una unidad para fortalecer sus propias fronteras, mientras simultáneamente ayuda, a través de la asistencia para el desarrollo y la cooperación en materia de seguridad, a los países de los que huyen las personas. Con más estabilidad y mercados abiertos, dichos países podrán exportar sus productos, en lugar de exportar a sus ciudadanos.

En cuanto a Gran Bretaña, ya tendimos nuestra cama para el futuro; ahora, debemos soportar nuestras pesadillas en ella.

Traducción del inglés: Rocío L. Barrientos.

http://prosyn.org/MEGfiLI/es;

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