GettyImages-1238684562 MIKHAIL KLIMENTYEV/SPUTNIK/AFP via Getty Images

Bienvenidos a la jungla

BERLÍN – En su libro publicado el año 1960, Masas y poder, Elias Cannetti observó que los autócratas paranoicos que se identifican como “supervivientes” se rodearán de un espacio vacío para tener la capacidad de ver cualquier peligro que se aproxime. Los únicos sujetos en los que se puede confiar son aquellos que permiten que se los mate. Con cada ejecución que ordena el dictador, acumula “la fuerza de la supervivencia”.

¿Qué mejor manera para describir a Vladimir Putin? El autócrata de Rusia que prefiere sentarse solo al final de una larga mesa blanca, emitiendo ultimátums, poniendo en marcha invasiones y ordenando el arresto (o asesinato) de sus opositores políticos. Putin ha construido su poder a través de sangrientas guerras en Chechenia, Georgia, Siria y Ucrania. Su supervivencia depende de acabar con la existencia de otros.

Pero hoy en día, Putin ha activado los propios instintos de supervivencia de otros. El actor convertido en presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, ha surgido como el héroe que encarna la lucha existencial de su nación. La OTAN ha resucitado de su progresiva “muerte cerebral”. Y la Unión Europea se ha transformado súbitamente, pasando de ser un proyecto de paz orientado hacia su propio interior a ser una comunidad de soberanía y seguridad. Como me dijo un diplomático europeo de alto rango esta semana: “Rusia es demasiado grande y está demasiado conectada a nosotros como para que se le permita comportarse como un matón que tiene toda la libertad para no cumplir con las normas. O nuestra respuesta a esta guerra pone un alto a este comportamiento o nuestro mundo se derrumbará”. 

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