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Depuración étnica en el Caribe

SANTO DOMINGO – Yo soy una ciudadana nacida en República Dominicana. Crecí, fui a la escuela, formé una familia y crié a mis hijos en tierra dominicana. Este es el único lugar al que alguna vez llamé hogar. Sin embargo, después de más de 45 años en este país, se está cuestionando mi nacionalidad -junto con la de miles de otros dominicanos.

Al igual que muchos dominicanos, tengo ancestros haitianos. Mi familia llegó a República Dominicana desde el vecino país de Haití en busca de trabajo. Su viaje no fue atípico, tampoco desalentado. Cientos de miles de haitianos llegaron a trabajar a este país con el permiso expreso del gobierno dominicano.

Pero los dominicanos como yo siempre hemos pagado un precio por nuestros ancestros. Durante más de un siglo, el gobierno promovió una política de discriminación racial patrocinada por el estado. Hemos sido utilizados como chivos expiatorios para desviar la atención de los problemas económicos y políticos del país.

Aún así, una lección que aprendí mientras crecía fue que toda persona nacida en República Dominicana es un ciudadano dominicano. Esto era algo que nadie cuestionaba. Esto era algo de lo que nadie dudaba. La constitución de República Dominicana dice explícitamente que cualquiera que nace en el territorio del país, excepto los hijos de padres que son diplomáticos o extranjeros "en tránsito" – algo que, durante décadas, quiso decir por menos de 10 días en el país- es un ciudadano dominicano.