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La elección de Erdoğan

ESTAMBUL – “La democracia turca está en un punto de inflexión”, anunció el primer ministro Recep Tayyip Erdoğan tras ganar una votación crucial en un referendo para cambiar la constitución de Turquía. “Estamos dando un examen importante”.

Erdoğan está en lo cierto, pero es él quién debe aprobar el examen. Si la victoria del plebiscito envalentona a él y a sus aliados a incrementar sus tácticas de artimañas judiciales y manipulación de los medios –que surtieron un gran efecto en los últimos años-, las perspectivas para Turquía son sonbrías. El país se hundirá aún más en el autoritarismo, las divisiones políticas se tornarán irreconciliables y una nueva ruptura política puede volverse inevitable.

Son pocos los que en Europa y Estados Unidos comprenden hasta qué punto el gobierno de Erdoğan ha socavado el régimen de derecho y las libertades básicas –todo en nombre de “profundizar la democracia turca”-. Los fiscales del gobierno han montado una serie de juicios simulados, acusando a cientos de oficiales militares, académicos y periodistas de pertenecer a una organización terrorista armada que apunta a derrocar al gobierno de Erdoğan. En un proceso judicial separado pero relacionado, utilizaron evidencia inventada para acusar a casi 200 oficiales militares activos y retirados de planear un golpe en 2003, durante los primeros días del primer gobierno de Erdoğan.

Erdoğan y sus ministros han animado estos procesos judiciales. Sus seguidores en los medios lanzaron una campaña de desinformación e hicieron trascender escuchas telefónicas para desacreditar y comprometer a los acusados. Mientras tanto, el principal grupo mediático independiente del país se ha visto doblegado por enormes multas impositivas motivadas políticamente.