Child clean community sweep Marshal Hedin/Flickr

Ciudadanos para una economía limpia

SAN JOSÉ – Durante los últimos 20 años, las políticas medioambientales, energéticas y climáticas se han decidido a puertas cerradas, con escasa participación de quienes se verán más afectados por el resultado de esas negociaciones. El diseño de las políticas ha sido impulsado por consideraciones tecnocráticas que ignoraron, o a las que sencillamente no importaban, las prioridades de la gente común. Por eso, con excesiva frecuencia se sacrificó al aire limpio, las energías renovables y los espacios verdes frente a la noción de que la legislación ecologista aumenta los costos y la burocracia para las empresas y, en última instancia, daña a la economía.

La buena noticia es que está surgiendo un nuevo patrón de participación ciudadana, especialmente en los países en desarrollo, donde ingresan al debate voces nuevas e ideas frescas. En todo el mundo, los ciudadanos exigen que sus gobiernos los escuchen en relación a los temas ambientales y den preferencia a sus necesidades y prioridades.

Durante años el debate sobre la acción medioambiental en Estados Unidos y Europa se caracterizó por estar centrado en principios abstractos y luchas políticas intestinas. En cierta medida resulta comprensible, la oposición a las acciones ambientales –por parte del sector de los combustibles fósiles, los partidos políticos y parte de los medios– ha sido formidable.

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