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Desarme energético

BRUSELAS – ¿Acaso el "arma energética" de los años 1970 -la retención de suministros energéticos con fines políticos- ha regresado? Utilizar el petróleo o el gas como arma política es algo más fácil de decir que de hacer, por supuesto, pero la reanudación este año de la disputa del gas entre Rusia y Ucrania, y el resultante corte del suministro a gran parte de la Unión Europea, deberían concentrar las mentes en la necesidad de que la UE desarme a quienes utilizarían el arma energética.

Como estrategia a largo plazo, los embargos de energía siempre resultaron inútiles. Arabia Saudita vio cómo su porcentaje de las exportaciones mundiales de petróleo se desmoronaba en los 12 años posteriores al embargo de 1973-1974. Las enormes subas de precios de los años 1970 se volvieron insostenibles porque llevaron a los gobiernos en Europa y otras partes a proteger a sus consumidores a través de impuestos más elevados al petróleo, conservación y expansión de la producción petrolera fuera de la OPEP.

Europa no puede permitir que esta historia lo vuelva complaciente. De hecho, tras la repetida disputa entre Rusia y Ucrania, Europa debe reaccionar con la misma decisión para diversificar sus suministros energéticos que demostró en los años 1970 al enfrentarse al desafío de la OPEP. Como sucedió con los países de Oriente Medio, sólo una experiencia amarga le enseñará a Rusia que los suministros seguros de energía están en el interés de todos. El Kremlin aprenderá esa lección sólo si Europa diseña, adopta y se ajusta a una estrategia energética que disminuya su dependencia del suministro ruso y establezca su propia política exterior común en materia de seguridad energética, como recomendaba el informa de 2007 del Parlamento Europeo.

El gas es, sin duda, más vulnerable que el petróleo a las interrupciones imprevistas del suministro. El petróleo es razonablemente fácil de comercializar a nivel global en buques cisternas marítimos, mientras que en la mayoría de los mercados de gas la tubería fija entre el campo de gas y la hornalla traba a productores y consumidores en un abrazo exclusivo. Una tarea a la que hoy se enfrenta Europa es hacer que ese abrazo de oso ruso sea menos exclusivo, lo que requerirá de un esfuerzo coordinado y sostenido entre los estados miembro de la UE y sus vecinos en materia de seguridad energética externa.