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Poner fin a la silenciosa guerra ruso-europea

Últimamente, ha habido poca confianza mutua entre los gobiernos de Rusia y la Unión Europea. Los políticos europeos vieron con escepticismo las recientes elecciones parlamentarias y presidenciales de Rusia. Las relaciones diplomáticas entre Gran Bretaña y el Kremlin se encuentran deterioradas desde el asesinato (supuestamente, por un agente ruso) de Alexander Litvenenko, un crítico del gobierno ruso, en Londres en 2006.

Esta falta de confianza supone una amenaza obvia al comercio y las inversiones entre Rusia y la UE. El comercio de Rusia con la UE entre enero y agosto de 2007 llegó a 173,3 mil millones de dólares, o un 51,6% de su volumen de comercio exterior. Más de la mitad de los productos rusos se venden en Europa, y dos de sus tres principales socios comerciales son europeos: Alemania, con un volumen de negocios de 31,9 mil millones de dólares, y Holanda, con 28,3 mil millones de dólares.

De manera similar, los países europeos representan un 75% de la inversión directa en Rusia. Gran Bretaña está en el primer lugar, habiendo destinado más de 15 mil millones en la primera mitad de 2007, a pesar del caso Litvinenko y la expulsión recíproca de diplomáticos durante este periodo.

En todo caso, el volumen de inversión directa no alcanza a lo que necesita Rusia, ya que su economía está desequilibrada. Más de la mitad de sus exportaciones son petróleo y gas, y el resto es principalmente productos químicos y agrícolas. Los petrodólares son el principal recurso de Rusia para el desarrollo de una sociedad basada en la información. Los países de la UE seguirán requiriendo energía, y los yacimientos siberianos están lejos de agotarse.