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Poner fin a la violencia religiosa en Medio Oriente

FEZ – La escalada de radicalismo, violencia y guerras civiles en Medio Oriente desde el comienzo de las revueltas de la “Primavera Árabe” en 2010 se ha cobrado un precio altísimo en vidas y bienestar humanos. Hoy es más urgente que nunca construir estados eficaces que puedan sostener la paz, proveer a sus ciudadanos más oportunidades y prosperidad, y proteger los derechos humanos.

La violencia que se desató en los últimos años ya provocó la muerte de más de 180 000 iraquíes y 470 000 sirios. Además, 6,5 millones de sirios son desplazados internos, y otros 4,8 millones tuvieron que huir del país. Muchos sufrieron torturas en prisiones y humillaciones en campos de refugiados. Se calcula que entre el 70% y el 80% de las víctimas son civiles, en su mayoría mujeres y niños.

Según el Centro Sirio de Investigación de Políticas, la mitad de los refugiados y desplazados internos son menores de 18 años. Esto repercutirá seriamente en sus perspectivas futuras. UNICEF informa que 2,1 millones de niños en Siria y 700 000 niños sirios refugiados no van a la escuela. En Jordania, hay 80 000 niños refugiados sin acceso a educación.

Pero todos estos costos humanos son síntomas de un problema más profundo, y contra lo que suele creerse, ese problema no es el Islam. El hecho de que los yihadistas o islamistas radicales sean musulmanes no implica que su religión, y mucho menos su etnia o su cultura, sean inherentemente violentas.