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Primeras lecciones de la crisis

ITHACA, NY – El sistema financiero de Estados Unidos está al borde del colapso. Todo lo que ha evitado hasta ahora que el tan cacareado bastión del capitalismo global sufra un cataclismo es el gobierno estadounidense, que en la práctica se ha convertido en el garante y emisor de préstamos de último recurso.

¿Cómo pueden haber llegado las cosas a este punto en un sistema financiero que se consideraba el más complejo y sofisticado del mundo? ¿En qué terminará todo esto, y qué efectos tendrá en el sistema financiero mundial? Es difícil responder a estas preguntas con demasiada convicción estando en medio de la crisis. De hecho, cada día que pasa parece anunciar peores noticias... ¡ni siquiera ahora los fines de semanas nos dan respiro del flujo constante de sombrías novedades!

Sea cual sea el resultado final, de una cosa podemos estar seguros: el resto del mundo ya no tendrá apuro en adoptar los principios libremercadistas que guiaron el desarrollo financiero estadounidense. Si bien las épocas desesperadas hacen necesario tomar medidas desesperadas, la enormidad de la intervención del gobierno estadounidense también hará difícil que en el futuro se pueda argumentar que el estado debe mantenerse al margen del sistema financiero.

No hay duda de que la reconfortante sensación de schadenfreude –el placer por el sufrimiento de los demás- pasa por las mentes de los banqueros centrales y las autoridades de los mercados emergentes, que por largo tiempo soportaron los sermones de EE.UU. acerca de los principios del libre mercado. Probablemente también sienten alivio por haberse resistido a aplicar innovaciones financieras en un grado u otro, agradecidos por el hecho de que sus economías todavía no se ven arrastradas por una crisis desatada tan grave como la que ocurre en EE.UU.