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La importancia política de Elizabeth Warren

WASHINGTON, D.C. – La reforma financiera en los Estados Unidos y a escala mundial está en el aire. Los problemas que nos provocaron la terrible crisis del período 2007-08 no están resueltos. En realidad, algunas deficiencias subyacentes son peores ahora que hace un decenio, incluido el problema de los megabancos “demasiado grandes para quebrar”.

Europa está retrocediendo en materia de reforma financiera: sus autoridades están demasiado centradas en mantener unida la zona del euro. En los EE.UU., no habrá una nueva legislación con el Congreso actual... y probablemente durante mucho tiempo por venir. La Ley Dodd-Frank, de 2010, podría resultar un marco para una reglamentación eficaz o ser sólo un conjunto de promesas vacías. Hasta ahora, la aplicación ha sido escasa.

La aplicación depende de los reguladores: algunos de ellos son muy buenos, mientras que otros están a merced de los grandes bancos de Wall Street. Las cuestiones son muy detalladas y técnicas y el grupo de presión financiero ha desplegado un pequeño ejército de expertos muy bien pagados para que lleven a cabo una misión de retraso, dilución y distracción. Ese proceso está aún sujeto a una revisión política, pero muchos políticos se dejan enredar fácilmente cuando la conversación entra en demasiadas honduras de detalle.

Ésa es la razón por la que la recién elegida senadora Elizabeth Warren, de Massachusetts, está resultando ya tan eficaz. Warren lleva muchos años trabajando denodadamente sobre cuestiones del sector financiero. Fue ella quien formuló ideas decisivas que propiciaron la creación de la Oficina de Protección Financiera del Consumidor y contribuyó a poner en marcha ese organismo, pero también se ha ocupado de todos los demás detalles prácticos de la reforma financiera durante más tiempo que nadie: gracias en parte a su experiencia como Presidenta del Grupo Especial del Congreso de Supervisión del  Programa de Rescate de Activos Problemáticos (TARP).