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Elizabeth Warren: grandes ideas para las grandes tecnológicas

CAMBRIDGE – Haciendo muestra de un grado de coraje y claridad innegable, la senadora y precandidata presidencial estadounidense Elizabeth Warren ha puesto en la mira a las grandes tecnológicas, incluidas Facebook, Google, Amazon y Apple. Las propuestas de Warren suponen una reformulación total de la excepcionalmente permisiva política de fusiones y adquisiciones estadounidense de las últimas cuatro décadas. En realidad, las grandes tecnológicas son sólo el ejemplo más visible de un significativo aumento del poder monopólico y oligopólico en una amplia variedad de sectores de la economía estadounidense. Aunque todavía no está nada claro cuál sería la mejor respuesta, coincido totalmente en la necesidad de hacer algo, especialmente en lo referido a la capacidad de las grandes tecnológicas para comprar a potenciales competidores y usar su poder de plataforma para ingresar a otras líneas de negocios.

Lo valiente de la propuesta de Warren radica en que las grandes tecnológicas son importantes donantes a las campañas de la mayoría de los principales precandidatos demócratas, en particular los progresistas, que siempre pueden conseguir financiación en California. Y aunque sin duda se podrían plantear objeciones, Warren no es la única que piensa que las gigantes tecnológicas adquirieron un dominio de mercado excesivo; de hecho, es una de las pocas cuestiones en las que parece haber algo similar a un consenso en Washington. Otros precandidatos, en particular la senadora Amy Klobuchar de Minnesota, también han fijado una posición clara en el tema.

Aunque las relaciones causales son difíciles de dilucidar, hay firmes motivos para creer que el aumento de poder monopólico influyó en el agravamiento de la desigualdad de ingresos, el debilitamiento del poder negociador de los trabajadores y la desaceleración del ritmo de innovación. Y, con la posible excepción de China, es un problema global, porque en muchos casos los monopolios tecnológicos estadounidenses llegaron a dominar el mercado antes de que los reguladores y políticos locales se dieran cuenta de lo que sucedía. La Unión Europea, en particular, viene tratando de trazar un rumbo propio en materia de regulación de las empresas tecnológicas. Hace poco, el Reino Unido designó un grupo de expertos, presidido por el ex economista principal del gobierno de Barack Obama (y ahora colega mío) Jason Furman, que produjo un muy útil informe sobre posibles estrategias para el sector tecnológico.

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