Electric car charging Sergei Fadeichev/Getty Images

Un mundo sin tubos de escape

SAN JOSÉ – El movimiento eficiente de las personas es crucial en cualquier sociedad. El buen funcionamiento de las redes de transporte impulsa el desarrollo económico y literalmente une a la gente. Pero en muchas partes del mundo, la movilidad es asunto de vida o muerte: es sucia, insegura y caótica. La contaminación y la congestión derivadas de camiones, autobuses y autos suponen peligros diarios para millones de personas, especialmente en los países emergentes.

Felizmente, se acercan grandes cambios al modo en que los seres humanos nos trasladamos. Por primera vez desde la invención del motor de combustión interna moderno a mediados del siglo XIX, su desaparición está a la vista. Las automotrices han anunciado planes para la fabricación de numerosos modelos eléctricos, y en varios países europeos los políticos han puesto fecha de vencimiento a los autos a gasolina o diésel, decisión que las dirigencias de la India y China planean imitar.

Empresas de todo el mundo se aventuran a predecir que la movilidad eléctrica es el futuro del transporte. Incluso las más perjudicadas por el abandono de los combustibles fósiles entienden que el vehículo eléctrico es inevitable. En julio, hasta Ben van Beurden, director ejecutivo de Shell, admitió que su próximo auto será eléctrico.

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