Las elecciones son la última oportunidad de Venezuela

Venezuela está sumida en un peligroso punto muerto. El Presidente Hugo Chávez se aferra al poder, a pesar de los obvios fracasos de su gobierno: un grave deterioro económico y una peligrosa polarización política. La oposición, manchada por su torpe golpe de estado de abril de 2002, ahora intenta sacar a Chávez del cargo mediante una costosa huelga general.

Ambos lados justifican su intransigencia con interpretaciones parciales y unilaterales. Los simpatizantes de Chávez lo glorifican como el defensor de los pobres, acosado por una elite egoísta y golpista. Sus más encarnizados oponentes demonizan a Chávez como un autócrata que busca crear una revolución al estilo cubano y destruir la democracia. Ambas interpretaciones son erróneas.

El gobierno de Chávez no ha ayudado a los pobres de Venezuela de ninguna manera que sea significativa. Por el contrario, su retórica beligerante y su gobierno inepto asustaron a los inversionistas, provocando un declive económico y aumentando el desempleo y la pobreza. Ahora Chávez ha perdido el apoyo mayoritario incluso entre los pobres.

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