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Egipto vive momentos decisivos

LONDRES – El 30 de junio (a un año de la elección del primer presidente civil en la historia de Egipto), se produjeron en todo el país masivas protestas antigubernamentales con las que un movimiento heterogéneo y descentralizado desafió como nunca antes la continuidad en el poder del presidente Mohamed Morsi. Cientos de miles de personas se movilizaron para tomar las calles, y un numeroso grupo atacó e incendió el cuartel general de la gobernante Hermandad Musulmana en El Cairo.

Al terminar el día, los manifestantes dieron al presidente un ultimátum. En su primera declaración “revolucionaria”, el nuevo movimiento de base egipcio Tamarod (rebelde) exigió a Morsi abandonar el cargo en el plazo de dos días o afrontar una marcha sobre el palacio presidencial. “En nombre de 22 millones de ciudadanos, declaramos que Mohamed Morsi ya no es el presidente legítimo de Egipto”. A continuación, los manifestantes reclamaron a “las instituciones del Estado, el ejército, la policía y el sistema judicial ponerse del lado de la voluntad popular”.

El ejército, por su parte, emitió su propio ultimátum a Morsi: o responde a las demandas de los manifestantes o afrontará una solución militar a la crisis. Al final del día, la oficina del presidente declaró no haber sido consultada antes de la declaración del ejército, y a la medianoche decenas de miles de simpatizantes de Morsi se manifestaron simultáneamente en diversas ciudades.

¿Qué ocurrirá ahora? ¿Y qué impacto tendrán el movimiento Tamarod y la intervención del ejército sobre el precario proceso de democratización de Egipto?